Las castañas, solo para la castañada

Cada cosa a su tiempo. Eso es lo que piensan la mayor parte de catalanes en el momento de consumir ciertos productos como las castañas, una fruta de la que se van a vender mil toneladas esta semana de Todos los Santos, la más tradicional para comer. Asimismo se consumirán mil toneladas de boniatos, otro producto socio a la castañada.
“La castaña está entre las bases de la nutrición de numerosos países europeos y del resto de España, donde se consume todo el año”, como explica la portavoz de la Asociación Gremial de Empresarios Mayoristas de Frutas y Hortalizas de Barna y Provincia, E. Cano, que espera que “por moda y por cercanía se acabe consumiendo todo el año”. Asistirá el hecho de que el interés gastronómico por esta fruto “va a más”. Con costes más bajos que el año pasado, por la buena producción, la mayor parte de castañas vienen de Galicia.
El boniato, el otro producto estrella en sus variedades naranja y blanca, ha ensanchado su consumo a merced de los hábitos alimenticios de la población de Sudamérica que vive en Cataluña, que come todo el año. “Es un producto que, además de esto, cada vez tiene más aplicaciones en la cocina”, asevera Cano.
Aparte de las frutas y verduras habituales del otoño, el kaki es el que más ha crecido en ventas debido a las exportaciones a Francia, Italia y Alemania, sobre todo las variedades de piel dura como la Persimon. En Cataluña el consumo está estabilizado pues es una fruta que “mancha”, con lo que el doctor M. de la Guarda asegura que hay que descubrir de nuevo la otra variedad, la dura, que es más comible. De la Guarda es el creador de una investigación que concluye que el kaki tiene beneficios homeopáticos y que “cada kilogramo de esta fruta contiene quince gramos de potasio, equiparable al plátano, y no lleva elementos tóxicos peligrosos”.
Si bien la celebración de Halloween cada vez está más introducida, la venta de calabazas con fines ornamentales o bien festivas “tiene poca incidencia en el mercado”, explica E. Cano. En los últimos tiempos el consumo de esta fruta ha aumentado, sobre todo de las variedades cacahuete o bien violín y la redonda de Valencia, apreciadísima en la cocina. La granada es otro fruto que de año en año se consume más, puesto que “ha pasado de ser un producto salvaje a ser un fruto realmente bien trabajado”, señala Cano, y por lo tanto ha aumentado la producción en origen. Por otro lado, el membrillo, aunque es de consumo más modesto, asimismo gana presencia.
Las setas son compañeros imprescindibles de muchos platos de la gastronomía catalana de otoño. Este año la producción no ha sido nada buena. Solo se ha salvado la cepa, “del que ha habido en cantidad y calidad”, como asevera el especialista en setas J. Serentil, que recomienda “consumir por el hecho de que están baratas”.

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